Andrzej Lechowski (primero a la derecha) Manizales


¿Por qué Colombia?

Era el año de 1973, el Teatro "STU" de Cracovia estaba representando a Polonia (en ese entonces la República Popular de Polonia) en el Festival Internacional de Teatro de Manizales, Colombia. La obra que presentó el Teatro se llamaba "Sennik Polski" („La clave de los sueños polacos”)… La obra consistía no solo en actuación sino que incluía también música rock tocada en vivo. Entre los músicos del teatro estaba "mi futuro papá", el violinista Andrzej Lechowski... creo que fue entonces, en el 73 cuando todo empezó... la hermosa ciudad de Manizales, situada en el centro del Eje Cafetero, a los pies del Nevado del Ruiz, rodeada de montañas de un verde esmeralda, con un cielo impecablemente azul de fondo, conquistó el corazón de mi padre... 

Andrzej Lechowski (primero a la izquierda) Bogotá 1973

Fue entonces cuando, según la versión romántica que me ha contado desde que era niña, llegó a la conclusión de que algún día volvería a ese país encantado... con su familia. Y así sucedió... En el año de 1986, cuando la situación en Polonia no era la mejor, mi papá aceptó un propuesta de trabajo en una universidad pública en Colombia, para ser más precisos: en la capital de Santander: Bucaramanga, situada en la parte nororiente del país. 

Un año más tarde, después de un sinnúmero de dificultades con los trámites oficiales, organizacionales y emocionales junto con mi mamá salimos de Polonia rumbo hacia "el otro lado del mundo" - así lo comentaba la gente (especialmente la familia)... Recuerdo que en esos años la gente se mudaba a países como Alemania, tal vez Francia o Estados Unidos.... pero muy raramente la gente se asentaba en la parte norte de América del Sur. 

Magdalena Lechowska - Barichara

Un viaje hacia el otro lado del mundo...

El día de mi séptimo cumpleaños emprendí un viaje increíble, un viaje que cambiaria el rumbo de mi vida. En Polonia empezaba la primavera, pero casi no se sentía ese frío amanecer de 1987. En ese entonces a nadie se le ocurría pensar en un viaje directo a América del Sur. ¡Nuestro viaje duró casi 4 días! Desde Polonia viajamos a Canadá, de Canadá a Cuba, donde pasamos una noche... En mi memoria quedó grabado el recuerdo de esa mañana en la Habana: el interior del cuarto del hotel, las grietas en las altas paredes, los viejos muebles de madera en estilo colonial y ese olor a mar cálido y sol, que antes no había conocido. ¡Cómo iba a saber que me encontraba en la capital del son, el bolero y la salsa!

La siguiente parada en nuestro viaje fue Panamá. Recuerdo la cara de enfado de mi mamá tratando desesperadamente de comunicarse en inglés con la señorita en la sección de Atención al cliente en el aeropuerto, que sólo hablaba español y repetía sin parar: "Señora, en Panamá se habla español, no inglés". Casi nos mandan de vuelta por tener un tiquete solo de ida, lo que era muy sospechoso en esos tiempos. Al final nos permitieron seguir el viaje hasta Colombia, donde aterrizamos en "El dorado", el puerto aéreo internacional en Bogotá.

Asentamiento… 

A un polaco no le es nada fácil hallarse entre los colombianos y más si no conoce el español. Teniendo siete años no tuve el menor problema para comunicarme con los niños de mi edad, organizar juegos, hablar con ellos (¡no tengo ni la menor idea sobre que!). Empecé a hablar español sin darme cuenta. En el colegio, en el barrio empecé a comunicarme en mi nuevo idioma materno. Pero a pesar de eso, en casa hablábamos solo polaco. Las cartas para la abuelita, los libros, "świerszczyki" (revistas polacas para niños), los libros de colegio de polaco, las clases de polaco con mi mamá todo eso mantenían mi arraigo lingüístico nacional (“mi espíritu polaco"). En Colombia hice la primaria, el bachillerato y empecé mis estudios. Tiempos aquellos... Tranquilos pero rebeldes. En el colegio en vez de analizar "Chłopi" (“Los campesinos”) analizábamos "Crónica de una muerte anunciada" de Marquez, en vez de visitar Ojców o Wieliczka, viajábamos con el colegio a Guane a visitar las excavaciones arqueológicas, en vez de celebrar el 11 de noviembre, celebrábamos el 20 de julio, día de la independencia... Después de clase en vez de escuchar canciones de Jacek Kaczmarski, Marek Grechuta todos cantaban las canciones de Silvio Rodriguez y Pablo Milanés, en vez de Lady Pank y Bajm saltábamos con Soda Estéreo y Los Prisioneros, en vez de "hacer levante" en las primeras discotecas, se iba a hacer levante en las salsotecas. Los doce años más importantes de mi vida pasaron como 5 minutos... Pero esos años han dejado una huella imborrable en mi vida y en mis gustos musicales. 

Magdalena Lechowska

La Música en mi vida

En Colombia, así como en toda América Latina, la música llena cada fragmento de la vida. El hecho de que el clima sea agradable hace que la música se oiga en todas partes y nadie pueda escapar de ella. Los diferentes ritmos como la cumbia, la salsa, el vallenato, el merengue, el bolero y hasta el tango argentino y las rancheras mexicanas se pueden oír durante cualquier ocasión (o falta de ocasión). La música tiene como objetivo unir, divertir, emocionar, consolar, acompañarnos en nuestra vida cotidiana. Una noche bailando salsa o vallenato es la mejor manera de relajarse después de una dura semana de trabajo, una penetrante ranchera mexicana nos ayudará a gritar nuestras penas y despechos, si un hombre quiere declarar su amor de una manera romántica a la que mujer que quiere, sin pensarlo dos veces despertará todo el barrio en medio de la noche con una ruidosa serenata. 

Estando en Colombia, toqué violín en diferentes orquestas de arco. A pesar de la gran distancia y las dificultades en el acceso a la música polaca, tuve la oportunidad de conocer a artistas como: Czesław Niemen, Marek Grechuta, Skaldowie; en la casa teníamos discos de Górecki, Lutosławski, Szymanowski... A menudo extrañaba a Polonia, a la que veía en mi imaginación a través del prisma de las hojas de otoño cayendo románticamente al ritmo del nostálgico "Tomaszów" en la interpretación de Ewa Demarczyk. Teniendo sol los 365 días del año, uno puede llegar a extrañar el aura melancólica de otoño... Por eso, cuando se me presentó la oportunidad de volver a Polonia a continuar mis estudios, regresé. Después de unos meses de haber regresado recibí una interesante llamada de alguien preguntando por clases de español - esa era mi manera de ganarme unos pesitos de más. Resultó que la persona que llamaba estaba más interesada en la parte del anuncio en la yo que mencionaba que había vivido en América del Sur y no tenía planeado tomar clases conmigo sino que estaba buscando una cantante para un nuevo grupo de música latina y flamenco en Cracovia. Esa era una señal! Los ritmos, las melodías y los recuerdos que me había traído del otro lado del océano hicieron que empezara a cantar la música que me acercaba espiritualmente a lo latino, a lo iberoamericano... Me alegra poder transmitir a través de mi canto los sentimientos y la energía que lleva consigo este tipo de música, me llena y enriquece personalmente.
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